Iago Aspas, alma del celtismo


Iago Aspas Juncal, nombre completo del que consideramos es uno de los delanteros de más calidad e influencia del fútbol nacional.

En palabras de su propio entrenador, Berizzo, se dice de él que “es un jugador de jugada propia. Uno le da un balón y él le saca más ventaja que lo que uno le dio. Futbolista tremendamente peligroso que casi construye sus propias jugadas.“

Su zona de influencia es tan amplia como su repertorio técnico a la hora de resolver las jugadas. Portador de una potente y a la vez elegante pierna izquierda, podemos verle como único punta, moviéndose por detrás del bueno de Guidetti o partiendo desde banda. Es por eso que sabe encontrar espacios a la espalda de las defensas, leer situaciones con llegadas desde segunda línea y resolverlas en el área como un verdadero 9.

Siempre con una velocidad muy característica, Iago Aspas es más  un “10” que un “9”, le gusta más recibir en ¾ y asociarse que pisar área. Suele caer a banda con facilidad y tiene un guante en su pierna izquierda.

Ha sabido canalizar su carácter, el cual le causo muchos problemas disciplinarios en sus inicios, para que le sirva para liderar al equipo. Si las cosas van mal dadas, Iago siempre aparece para tirar del carro y así poder resolver jugadas gracias a su amplio repertorio de recursos técnicos.

La influencia que tiene en el juego de su equipo es tan grande, que reactiva en gran medida el rendimiento de hombres como Hugo Mallo, John Guidetti, Daniel Wass o Theo Bongonda, eso sin contar la propia garantía de gol que aporta Iago Aspas al Celta de Vigo.

Debutante con el Celta, hace casi 10 años Iago ha tenido una relación idílica con la parroquia Celtista. Sus goles hicieron en unos pocos años pasar al Celta de salvarse in extremis de un descenso a 2ºB a subir a 1º. Es el ídolo, el líder, el jugador franquicia.

Tras una fugaz e infructuosa aventura en el fútbol inglés y posteriormente en el Sevilla. Ha retomado el éxito en su carrera defendiendo los colores de su equipo, el Celta de Vigo.

Ya en su hábitat natural recuperó todo lo que recordábamos de él y se había perdido en algún lugar entre las Rías Bajas y Liverpool.

Su electricidad en el campo, su omnipresencia en toda la zona de ataque, sus caídas a banda, sus diagonales siempre buscando su perfil izquierdo, ese toque sutil y mágico que coloca el balón dónde el portero nunca llega.

Sus buenas actuaciones en el celta le han válido para entrar en las últimas convocatorias de la Selección, y lo hace cuando se acerca a una edad crítica en los futbolistas, los 30 años. Ha alcanzado la madurez futbolística y personal y la ha alcanzado en el Celta, de donde quizás, nunca debió salir. 




Carlos Alfonso Sarriá 
Félix de Blas Martín