Cada
día en el camino que recorremos nos vamos encontrando con personajes que
ensombrecen aquello que tocan y que viven por encima de cualquier valor.
Traficantes de sueños que no valoran lo que hacen, ni sufren por lo que deshacen.
De
un tiempo a esta parte en el fútbol base prolifera un dudoso tipo de
profesional de este deporte que se alimenta de las ilusiones de los jóvenes
jugadores manejando cual marionetas los sueños que el balón despierta en sus
pequeñas mentes.
Los
llamados “representantes” copan las bandas de los campos y planean por ellos
como buitres contemplando la carroña. No miran más allá de los ojos del
futbolista, pues su mente se centra en el poder de exprimir el talento de ese
chico para único beneficio suyo y de este modo convertir al futbolista en un
simple producto comercial.
Los
intereses que muestran en los pequeños futbolistas habitualmente no llegan a
ninguna parte y sólo consiguen minar la fe que tienen los jóvenes futbolistas
en este bonito deporte.
Sin
duda alguna gran parte de la culpa es de los padres de los futbolistas que
permiten esos juegos comerciales con sus hijos, olvidándose que son personas y
que por muy bonita que pueda parecer la
vida de un futbolista profesional, es un
camino arduo y difícil.
Por
todo esto, gracias a la avaricia de algunos
y a la estupidez integral de otros el fútbol base tiene un germen que
solo pretende sacar provecho de las ilusiones de los futbolistas. Tratar de
comerciar con el talento moviendo futbolistas de un equipo a otro, es un
malvado ejercicio de majadería que ensombrece este deporte desde su raíz.
Los
futbolistas en edad temprana no son sino jóvenes que tan sólo precisan un par
de botas y un balón, y no los delirios comerciales de unos buitres traficantes
de sueños.
Félix de Blas